Mundo Emocional

Cómo protegerte del ruido externo para escucharte con más claridad

Aprende a protegerte del ruido externo, distinguir tu propia voz y tomar decisiones con más claridad, sin dejar que las opiniones de los demás te desorienten.
Escrito Por:
Stephanie Essenfeld

Andrea llevaba meses evaluando los pros y los contras de tomar una decisión.

Había llegado a ella después de mucho pensarlo.

La había hablado en terapia. Había tenido conversaciones incómodas consigo misma y había empezado a aceptar cosas que durante mucho tiempo prefirió no mirar.

Hasta que un día sintió algo de claridad.

No esa certeza absoluta que a veces esperamos antes de tomar una decisión importante.

Más bien algo como:

“No sé exactamente qué va a pasar, pero entiendo por qué necesito hacer esto”.

Y durante unos días estuvo tranquila.

Hasta que empezó a contarlo.

Su mamá se preocupó.

Una amiga le dijo que tal vez estaba siendo demasiado drástica.

Otra le recomendó esperar.

Alguien le contó la historia de una persona que había tomado una decisión parecida y después se había arrepentido.

Andrea empezó a buscar más.

Un podcast. Otro video. Una opinión más. Una conversación más.

Y unos días después estaba otra vez en el mismo lugar:

“Ya no sé qué quiero”.

Su realidad no había cambiado. Pero sí la cantidad de voces intentando explicarle qué debía hacer con ella.

Y esto nos pasa muchísimo.

Especialmente cuando estamos frente a decisiones que pueden incomodar a otras personas, cambiar una dinámica establecida o llevarnos hacia un lugar que todavía no conocemos.

Por eso, escuchamos opiniones.

Pero, sin darnos cuenta, podemos escuchar tantas voces externas que dejamos de reconocer cuál es la nuestra.

¿Por qué mientras más opiniones escuchas, más confundid@ te sientes? 

Cuando sentimos confusión, solemos hacer algo bastante lógico: buscar más información.

Preguntamos. Leemos. Escuchamos. Analizamos.

El problema aparece cuando ya no necesitamos más información y seguimos buscándola de todas maneras.

Imagínate que estás intentando escuchar una canción mientras diez personas hablan encima.

La canción sigue ahí.

Pero llega un momento en el que ya no puedes distinguirla.

Algo parecido puede pasar con tu propio criterio.

Tal vez llevas meses observando una dinámica.

Tal vez sabes que una situación te está haciendo daño.

Tal vez ya identificaste que necesitas poner un límite, cambiar algo, tomar distancia, decir que no o elegir una dirección distinta de vida.

Y entonces alguien que quieres dice algo que te mueve y aparece la duda.

Pero dudar no significa automáticamente que estabas equivocad@.

A veces simplemente significa que lo que escuchaste tocó un miedo que ya existía dentro de ti.

Si tienes miedo de decepcionar, la desaprobación de alguien importante puede sentirse enorme.

Si te cuesta confiar en ti, escuchar “yo no haría eso” puede hacer que vuelvas a revisar una decisión que llevabas meses pensando.

Si tienes miedo de equivocarte, una historia de alguien a quien “le salió mal” puede convertirse rápidamente en evidencia de que lo mismo te va a pasar a ti.

Por eso, antes de correr a buscar otra respuesta, quiero invitarte a preguntarte algo:

¿Necesito más claridad o necesito menos ruido?

Hay momentos en los que pedir opinión y escuchar otras perspectivas ayuda.

Y hay otros en los que seguir buscando respuestas solo te aleja de lo que ya habías empezado a comprender.

¿Por qué algunas opiniones te hacen dudar tanto de ti? 

Hay personas que pueden cuestionar una decisión tuya y tú seguir bastante tranquil@.

Y hay otras que dicen una sola frase y se quedan viviendo en tu cabeza durante tres días.

Eso también nos da información.

No necesariamente sobre la decisión. Sobre ti.

Pregúntate:

¿Qué miedo mío acaba de tocar esta opinión?

Tal vez fue el miedo a ser rechazado.

A quedarte sol@.

A tomar una mala decisión.

A no cumplir con lo que tu familia esperaba de ti.

A que alguien se moleste.

A descubrir después que “tenían razón”.

Reconocer ese miedo te permite diferenciar dos experiencias que, cuando estamos emocionalmente activad@s, pueden sentirse exactamente iguales:

“Esta persona me dio información importante que necesito considerar”.

y

“Esta persona tocó una inseguridad mía y ahora siento urgencia de cambiar de dirección”.

Esa diferencia importa muchísimo.

Porque una emoción puede ser intensa y seguir sin ser una instrucción.

Puedes sentir culpa y mantener un límite.

Puedes sentir miedo y continuar con una decisión que te va a dar bienestar a largo plazo.

Puedes extrañar a alguien y seguir sabiendo que no quieres volver.

Puedes sentir incomodidad sin tener que resolverla inmediatamente.

¿Por qué los consejos de los demás no siempre son adecuados para tu vida? 

Cuando alguien te da una opinión, esa opinión no aparece de la nada.

Viene de su historia, de sus experiencias, de sus heridas, de sus valores y de aquello que aprendió a considerar seguro, correcto o responsable.

Una mamá que vivió mucha inestabilidad quizá sienta miedo frente a cualquier decisión que implique riesgo.

Una amiga que sufrió una traición puede estar especialmente alerta ante ciertas señales.

Alguien que aprendió que amar significa aguantar quizá no comprenda fácilmente por qué estás poniendo un límite.

Y ninguna de estas personas tiene que estar intentando hacerte daño.

Muchas veces ocurre exactamente lo contrario: Te aman.

Quieren protegerte.

Quieren evitar que sufras.

Pero incluso las personas que más nos quieren siguen mirando nuestra vida desde sus propios ojos.

Por eso hay una pregunta que me gusta muchísimo cuando recibimos un consejo:

¿Quiero la vida para la que este consejo tiene sentido?

Porque un consejo puede ser razonable, venir desde el amor e incluso haber sido muy útil para la persona que te lo está dando.

Y aun así no ser la dirección que tú quieres tomar.

Quédate con esto:

Escuchar a alguien no significa entregarle la decisión.

Puedes recibir su perspectiva como información adicional y después decidir qué lugar merece ocupar junto a todo lo que tú ya sabes de tu propia experiencia.

¿Cómo escuchar tu voz interna sin ignorar lo que los demás te dicen? 

Quiero detenerme aquí porque la frase “escucha tu voz interna” puede sonar muy bonita y, al mismo tiempo, decirnos muy poco.

Escucharte no significa hacer automáticamente lo que sientes.

Tampoco significa asumir que tu intuición siempre tiene razón.

Y mucho menos cerrarte a cualquier opinión que te incomode.

Escucharte tiene que ver con crear suficiente espacio entre lo que ocurre afuera y lo que decides hacer para poder reconocer qué está pasando dentro de ti.

Puedes preguntarte:

¿Qué estoy sintiendo?

¿Qué estoy temiendo?

¿Qué sé de esta situación?

¿Qué necesito?

¿Qué es importante para mí?

¿Qué valores quiero que estén presentes en esta decisión?

A veces necesitarás escuchar a otras personas para responder mejor esas preguntas.

Lo importante es que sus respuestas no sustituyan las tuyas.

Andrea, la mujer con la que comenzamos este blog, no necesitaba dejar de escuchar a su mamá ni pensar que sus amigas estaban equivocadas.

Necesitaba recordar algo que había perdido de vista entre tanta opinión:

ella llevaba meses viviendo esa situación.

Meses observándola.

Meses haciéndose preguntas.

Meses entendiendo qué le estaba pasando.

La preocupación de alguien podía darle información nueva.

Pero no podía borrar automáticamente todo lo que ella ya sabía sobre su propia experiencia.

¿Qué hacer cuando una opinión externa te hace cuestionarlo todo? 

Cuando sientas que una opinión te mueve tanto que sientes ganas de volver a cuestionarlo todo, recuerda que:

No tienes que decidir nada en ese mismo momento.

Puedes escuchar.

Respirar.

Tomarte un poco de espacio.

Y después hacerte estas tres preguntas:

1. ¿Esto me dio información nueva o activó un miedo que ya conocía?

Si apareció un dato que cambia realmente la situación, claro que vale la pena revisarlo.

Pero si lo único nuevo es la culpa, el miedo o la ansiedad que sentiste después de escuchar a alguien, quizá necesitas acompañar esa emoción antes de modificar tu decisión.

2. ¿Esta opinión está alineada con la vida que quiero construir o con la vida que esta persona elegiría para sí misma?

No tienes que invalidar su perspectiva. Solo ponerla en contexto.

3. Cuando bajo un poco el volumen de todas estas voces, ¿qué sigo sabiendo, necesitando o valorando yo?

No busques una respuesta perfecta.

A veces lo único que aparece es:

“Sigo teniendo miedo, pero esto continúa siendo importante para mí”.

Y eso también es información.

¿Cómo dejar de depender de la opinión de los demás para tomar decisiones? 

El ruido externo no va a desaparecer.

Siempre va a existir alguien que piense distinto.

Una persona que se preocupe.

Una historia que te haga dudar.

Un video que defienda exactamente lo contrario.

Una persona a la que le salió bien y otra a la que le salió mal.

No podemos construir una vida esperando que el mundo se quede en silencio para finalmente saber qué queremos.

Pero sí podemos desarrollar mejores filtros.

Aprender qué voces merecen más peso.

Qué información necesitamos revisar.

Qué miedo necesita ser acompañado.

Y qué opiniones podemos escuchar, agradecer y dejar pasar.

Al final, no se trata de aislarte de todas las voces externas para proteger tu paz.

El objetivo es no permitir que cada una de ellas se convierta automáticamente en dirección.

Y desde ahí decidir qué entra, qué se queda y qué puedes dejar ir.

Si te reconociste en Andrea y sientes que muchas veces el ruido externo termina haciendo que dudes de ti, quiero invitarte a profundizar en este tema.

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Aquí vamos a trabajar cómo identificar esas voces externas, entender por qué algunas tienen tanto poder sobre ti y empezar a construir filtros que te ayuden a escuchar sin perderte en todo lo que los demás piensan que deberías hacer.

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