No sé si te acuerdas, pero hace exactamente un año, mientras todos veían globos y una torta…
yo veía miedo.
Sí, miedo.
El día anterior a empezar quimioterapia no es una fecha que se olvida.
Ese 33° cumpleaños no fue cualquier cumpleaños. Fue una despedida.
De la normalidad. De la inocencia. De esa parte de mí que todavía creía que lo peor solo le pasa a otros.
Intenté celebrar. Sonreí en fotos. Sostuve los abrazos de mis hijos. Apagué las velas.
Pero por dentro, solo pensaba:
¿Cómo se celebra la vida… cuando mañana empieza la lucha por conservarla?
Esa noche, antes de dormir, escuché por primera vez “Querida Yo” de Camilo y Yami Safdie.
La canción decía:
“Querida yo, ¿qué tal te va?
Sé que no todo está tan bien
Pero quería mostrarte
Lo lejos que llegaste
Seguro que hoy no lo parece
Pero mejora con los meses
Te contaría, pero no me creerías
Querida yo, confío en nosotras
Lo estás haciendo bien
Te espero del otro lado
Acá hay tanto para ver…”
Y uff… me desmoroné.
Porque yo no estaba escuchando una canción… yo estaba escuchando una conversación.
Tengo entendido que la canción la escribieron para sus versiones pasadas, para sus heridas, para sus historias…
Pero para mí, en ese momento, la canción no era de ellos.
Era mía.
Yo sentía que esa canción era mi “yo del futuro” hablándome a mí.
Mi “yo que iba a sobrevivir”.
Mi “yo que iba a estar del otro lado”.
No para decirme que iba a ser fácil.
No para decirme que no iba a doler.
Sino para decirme:
“Sé que no estás bien… pero quiero contarte que vas a vivir.”
Yo llevaba un mes llena de incertidumbre, de ir cita tras cita sin parar… durante ese mes yo no podía imaginarme a mí misma cumpliendo 34.
No podía visualizarme.
No podía pensar más allá del tratamiento, más allá del miedo.
Pero esa canción desvió mi capacidad de ver el éxito de mi tratamiento y decretarme sana.
Y ahora…
No puedo creer que un año después, o sea, hoy…
pueda volver a escuchar esa canción…
y sentirla tan diferente.
Ese día la escuché llorando desde un lugar de mucha tristeza y dolor.
Hoy la escucho llorando desde un lugar de gratitud.
Porque ahora la entiendo.
Porque ahora yo soy esa versión futura.
Yo soy la que le puede decir:
Querida yo… sé que estás tratando de sostenerte con el poquito de energía que te queda.
Sé que te estás preguntando si vas a poder.
Sé que te sientes frágil.
Sé que no entiendes por que a ti.
Sé que te estás celebrando con el corazón hecho pedacitos.
Pero mírame…
Aquí estoy.
Un año después.
Qué año.
El año, sin duda, de más transformación de toda mi vida.
Un año que no pedí.
Un año que jamás hubiera elegido.
Un año que me arrancó cosas…
y que al mismo tiempo me devolvió partes de mí que yo no sabía que existían.
Hoy la mirada que tengo hacia la vida es otra completamente.
Antes yo miraba el tiempo como si fuera infinito.
Hacía planes como si el cuerpo fuera un vehículo obediente, como si mañana estuviera garantizado.
Hoy no. Hoy entiendo el “después” como algo frágil. Y esa fragilidad no me paraliza: me despierta.
Ahora valoro cosas que antes pasaban desapercibidas:
- respirar sin pensar,
- despertarme y sentir mi cuerpo ahí, sosteniéndome,
- un abrazo,
- reírme fuerte, de verdad,
- comer con calma,
- mirar a los ojos,
- decir “te amo” sin guardarlo para un momento perfecto.
El cáncer me enseñó que la vida no se mide en años, se mide en momentos en los que estás de verdad. Y yo, hoy, quiero estar.
Y si pudiera volver a ese cumpleaños 33…
si pudiera abrazarme en esa mesa, con esa sonrisa que intentaba ser fuerte…
me diría:
No tienes idea de lo valiente que vas a ser.
No tienes idea de lo mucho que vas a sanar.
No tienes idea de lo mucho que vas a descubrirte.
No tienes idea del amor que va a sostenerte.
Y sobre todo…
no tienes idea de que un año después vas a escuchar esta canción… y vas a sentir paz.
.avif)
más paz mental ®
¡Ahora te toca a ti!
Aprende herramientas prácticas para gestionar tus emociones, poner límites con claridad y crear proactivamente una vida con paz y plenitud.


.avif)
%20(1).avif)
.webp)